Es importante tener en cuenta que parte de las vitaminas de los frutos secos se destruye durante el proceso de tostado, por lo que es conveniente tomar estos alimentos del modo más natural posible
Es de nuestro conocimiento que los frutos secos proveen un sin fín de beneficios, ya que los mismos contienen un gran valor energético y son ricos en grasas saludables, además son aquellos frutos en cuya composición hay menos de la mitad de agua, y que se encuentran clasificados dentro de las proteínas, uno de los siete grupos alimenticios que no pueden faltar en la dieta estándar, y aún más en una dieta sana en los niños.
Sin embargo, a pesar de que los frutos secos son alimentos muy completos desde el punto de vista nutritivo, es necesario seguir ciertas precauciones al momento de incorporarlos a la dieta infantil pues son alimentos duros y pequeños que llegan a ser peligrosos de cierta forma para el consumo infantil.
Para mayor comprensión explicaremos este tema en tres etapas diferentes:
1. FRUTOS SECOS EN LA ETAPA DE EMBARAZO
Ingerir frutos secos durante el embarazo podría ayudar a mejorar el desarrollo neuropsicológico de los niños a largo plazo, ya que los ácidos grasos aportados por los frutos secos resultan vitales para la formación de las membranas celulares, particularmente de las células nerviosas, que en los niños están en pleno crecimiento y desarrollo. Además estos alimentos no contienen colesterol, y la fibra contribuye al tránsito intestinal adecuado.
Es importante tener en cuenta que parte de las vitaminas de los frutos secos se destruye durante el proceso de tostado, por lo que es conveniente tomar estos alimentos del modo más natural posible.
2. FRUTOS SECOS EN BEBÉS
Los frutos secos, además de los cacahuetes (que son realmente legumbres) pueden producir alergias con relativa frecuencia. La mejor manera de prevenirlas es introducir estos alimentos en la dieta del bebé lo antes posible en cuanto haya cumplido los 6 meses, se ha visto que el riesgo de alergias disminuye cuando la introducción es temprana.
Una buena alternativa es añadir una cucharadita de almendras o nueces molidas a su papilla de avena o a un yogur. Cuando el bebé ya mastica, podemos untar una capa muy finita de mantequilla de cacahuete en una rebanada de pan integral. Más tarde se puede espolvorear una cucharada de cualquier fruto seco molido sobre los platos de pasta, arroz o verduras.
3. FRUTOS SECOS EN NIÑOS
Respecto a estadísticas, los frutos secos son la principal causa de atragantamiento en niños de entre uno y cuatro años, según la SEPAR (Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica). Esto debido a que la mayoría de los niños pequeños aún no tienen la dentadura desarrollada para triturar adecuadamente estos alimentos. En consecuencia, existe el riesgo de que estos productos sean aspirados por el pulmón del niño/niña, desde la boca hasta las vías respiratorias, en lugar de pasar por la vía digestiva, obstruyendo a la vía aérea del mismo y produciendo una asfixia inmediata con infección de una o varias zonas del pulmón.
Por lo tanto, la Asociación Española de Pediatría recomienda no ofrecer frutos secos enteros, no molidos, antes de los 5-6 años, sin embargo, los beneficios nutricionales de los frutos secos son muy adecuados para los niños, por lo que antes de esa edad, se pueden ofrecer molidos a partir de los seis meses.
También ya mencionamos el riesgo de alergia por consumo de frutos secos. Los primeros síntomas que pueden desarrollarse en niños con alergia a los frutos secos después de su ingesta incluyen urticaria, angioedema, asma, rinitis, conjuntivitis, síntomas digestivos o reacciones de anafilaxia. En algunos casos, si no se actúa a tiempo con medicación, las consecuencias pueden llegar a ser fatales.
Los niños y niñas con piel muy atópica o que hayan desarrollado alergia al huevo, deben consultar con su pediatra antes de introducir cacahuetes o frutos secos en su alimentación.
Texto editado por: Berenice Sanjines