NO SOLO DE PAPA SE VIVE por Juan Villanueva

Resulta que, si bien la papa es fundamental en nuestra comida diaria, no es el único tubérculo de estas tierras. Y no nos referimos a los tubérculos europeos que hoy son básicos en nuestras cocinas, como las zanahorias y las cebollas. Más bien, hablamos de esas primas de la papa, también cultivadas desde hace miles de años, y que aportan a las mesas andinas variedad de sabores y texturas.

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El olluco o ulluco es una papita pequeña, redondeada, de cáscara suave y tersa, de color amarillo a ojo intenso. No solamente es diferente de la papa en tamaño, sino en textura. Tiene mucha más agua, menos almidón, y por eso no se puede hacer con el chuño ni tunta. El nombre con que lo conocemos en Bolivia, papalisa, explica muy bien la idea. ¿En qué más se distingue de la papa? En que sus hojas si son comestibles. También en que puede crecer en regiones más bajas, incluso subtropicales, de ahí que exista no solo en los Andes, sino en Colombia y Venezuela, por ejemplo. Sin embargo, es más frágil que la papa y por eso se ha popularizado menos. En cualquier caso, en una sopa o en un ají, sobre todo combinada con trocitos de charque, la papalisa es la gloria misma.

La oca es la otra prima famosa de la papa, y es parte de una familia de tubérculos más bien alargados, con una textura más fibrosa, junto por ejemplo con la mashua o isaño que se consume más en el Perú. Si algo caracteriza a la oca es su color amarillo dorado, aunque hay variedades de otros colores, y su sabor dulce, que según dicen quienes más saben, se hace más dulce cuando la expones durante horas al sol. La oca fue una golosina andina, y hasta hace algunas décadas aún circulaban por La Paz los thayacheros, vendedores ambulantes de un dulce de oca con miel de caña, congelado a la intemperie, que era la delicia de los niños. Con la oca si se hace una especie de chuño, la caya, de sabor suave, pero olor penetrante, que acompaña sobre todo platos tradicionales de pescado.