MERCADO 27 DE MAYO, TRADICIÓN E HISTORIA por Gabriela Muñoz

Aún recuerdo la primera vez que comí mi primer platito de lapping cuando tenía 5 años aproximadamente, ese sabor de la carne, ese choclo recién hervido, unas habitas tiernas y una ensalada fresca recién picadita, quedé encantanda y enamorada de la cocina gracias a esta experiencia culinaria.

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Desde que entras al mercadito puede sentir ese cariño que tienen nuestras caseritas cuanto te ofrecen la variedad platos o desayunos que tienen. Son preparados con tanto amor y es que no sé si les pasa lo mismo, pero es como sintieras esa sensación de estar en casa, compartir mesa con personas que no conoces pero terminas conversando con ellos de algún tema en común y eso lo convierte en algo tan maravilloso, algo tan cultural que nos hace personas reales, con vida reales. Pero al momento de compartir una comida tan deliciosa, todos nuestros problemas o la vida cotidiana que llevamos se nos olvida por un momento y somos felices.

Tuve el privilegio de poder conversar con algunas caseritas y personal de trabajo de algunos puestos, una de ellas es María Cristina García de Vidaurre, que es la dueña del puesto número 13°. Doña María me comentaba que ella es la tercera generación y tiene 50 años. Su mamá fue una de las primeras en comprar su puesto.

Este mercado tiene muchos años de antigüedad, incluso antes vendían abarrotes en los suelos. Lamentablemente muchas dueñas antiguas fallecieron y algunos puestos son alquilados ya que este negocio, dice ella, es muy difícil de mantenerlo, ya que se tiene que tener mucho carisma, educación y sobre todo cariño.

Las caseritas tienen clientes de todo tipo y de toda región, todo el que llega se va satisfecho ya que todas cocinan bien.

También me comentaba que el mercadito al ser tan antiguo, tuvo que ser refaccionado desde el piso hasta el cielo falso con el que cuentan, pues todos buscaban que se vea mucho mejor.

“Lamentablemente por el tema de la pandemia tuvimos que cerrar los puestos y ahora de a poco, desde cero prácticamente, están tratando de volver a la normalidad, pero gracias a Dios tenemos venta a toda hora. Cada alcalde quiere arreglar el mercado, pero no podemos porque no tenemos dinero porque también damos plata, pero por ahora no tenemos, hay deudas que pagar, pero estamos pagando de apoco, algunas personas no pueden y lo dejan o lo alquilan, pero aun así estamos bien gracias a la concurrencia de los clientes, este mercadito es un patrimonio antiguo, un trabajo difícil a veces decimos hay lo dejaré porque a veces no vendemos, pero aun así seguimos adelante siempre con cariño”, manifiesta Doña María.

Después de darme unas vueltas por el mercadito me aproxime a Sabina Chiri que es mesera y llamadora, como dice ella, es decir Sabina se encarga de llamar a los clientes para que escojan su puesto. Esto hace más de dos años del puesto número 15°, ella me comentaba que por la pandemia, por los casos de covid 19, por el miedo de las personas y la economía, tuvieron que cerrar. Pero hoy en día aún están recuperando poco a poco las ventas.

Entre charla y venta dentro del puesto doña Sabina me dice: “Hay ventas pero, afuera hay mucha delincuencia y esto afecta un poco la concurrencia de los clientes, tiene miedo de entrar y nosotros también, deberían desalojarlos, porque las que cocinan entran 5 de la mañana y nos quedamos hasta las 7 u 8 de la noche y es peligroso, pero aun así los clientes son fieles, la mayoría de los platitos que ofrecemos son cochabambinos, muchas personas de otras regiones y países vienen directo a comer al mercadito porque todo es rico y es una tradición”.

Entonces como bien lo dijo doña María, nuestro “Mercado 27 de Mayo” es considerado como un patrimonio, por la antigüedad y tradición que tiene para muchas de ellas, también para mí y para el resto de las personas que lo concurren todos los días, a pesar de que si existen algunas falencias como ser el tema de la delincuencia y miedo por la zona, no deja de ser como bien se dijo una tradición el hecho de ir comer al mercadito, la coyuntura actual aún no está muy estable pero con solo escucharlas pude sentir todo el cariño y las ganas que tienen de seguir trasmitiendo todo ese amor que tienen a través de toda la comida que nos ofrecen.

¡Gracias caseritas por tanto cariño!