LAS COSAS DE PLANTAS Y ANIMALES por Juan Villanueva

No podemos terminar esta serie corta de artículos sobre utensilios tradicionales para comer y cocinar sin referirnos a esos que están hechos con el cuero, lana, corteza, hojas o madera de animales y plantas. Por supuesto que estos materiales, tan frágiles al fuego, tienen poco que hacer en la cocción (¿o no?), pero han sido clave para procesarlos, transportarlos y servirlos.

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En realidad, por el mismo hecho de ser inflamable y consumirse con el fuego, la leña o el carbón, que son básicamente madera, han sido la clave para crear y mantener el fuego y cocinar; esto parece obvio, pero si pensamos que asar es, básicamente, colocar carne sobre madera ardiendo, muchas veces sobre las llamas en un soporte también de madera, o en las brasas, entenderemos que asar es simplemente cocinar con madera; y ahumar, que es exponer algo al humo para extraer rápidamente su humedad y conservarlo mejor, ha sido una técnica básica en muchas sociedades cazadoras y pesqueras, por ejemplo en la Amazonía.

 Del mundo vegetal han salido, en las tierras bajas, innumerables instrumentos para procesar y transportar alimentos: de las hojas de las plantas, infinidad de canastas, cestos de distintos tipos y grosores, cernidores y esteras, quizá el más emblemático y famoso el panacú tejido de Santa Cruz. Las cortezas de frutos como la tutuma o el mat’i (la yerba mate recibe su nombre del poro o recipiente donde originalmente se bebía), usados para beber y en rituales al agua; de madera las cucharas, ralladores, bandejas e innumerables soportes y recipientes, tal vez nuevamente el más reconocido sea el mítico tacú o mortero de pie para moler yuca, maíz y otros.

 ¿Y el mundo animal? Bueno, hay quien dice que la primera forma de hervir, antes que hubiese ollas de cerámica, fue poniendo agua en un cuero húmedo y terso para ponerla a calentar en el fuego. Pero el textil de fibra de camélido o de ovino es, en los Andes, el recipiente más usado para llevar comida. No solo porque es liviano, flexible y resistente, sino porque conserva sumamente bien el calor. Así, en un pequeño atado se lleva la comida de todos los días al campo; y en un gran atado multicolor se lleva la comida de fiesta al apthapi, que es esa bella mesa común de textiles multicolores, donde todos comparten lo que tienen.

 

Fotografía: Gabriela Muñoz